LAS APARIENCIAS ENGAÑAN

La fotografía contemporánea ha buscado distintos referentes en la historia del arte universal, cuya información visual es filtrada por el ojo artístico de quien se la apropia, y la devuelve recreando la idea y transformándola en una nueva; ello, sin despegarse totalmente de sus referentes que le dan sentido no solo a la composición, sino al concepto de la propia obra.

Este es el caso de Lourdes Almeida, quien retoma escenas del arte del pasado, pero a diferencia de la pintura que colecciona el mundo mediante imágenes ficticias, estáticas e inmutables, su fotografía pone la escena en la veracidad, ya que parte de registros de lo existente, de lugares y personajes cuyo realismo no es logrado mediante el efecto de la técnica dibujística, sino a partir de un registro fotográfico de personas, momentos y lugares que a manera de pastiche o collage recompone o construye con gran acierto técnico compositivo. Lo anterior puede entenderse como la creación de una imagen ficticia a partir de una realidad, la cual se desprende de la teatralidad; esta creación de quimeras fotográficas producen en el espectador una apariencia de realidad, ilusión y banalidad.

La hibridación patente en la obra de Lourdes Almeida, puede darse entre dos tiempos o entre los diferentes ámbitos artísticos, como lo son el pasado y el presente o la pintura y la fotografía, mismos que se ven ampliados con elementos eróticos, que en este caso en particular, la autora pone de manifiesto controvirtiendo la temporalidad de la escena “clásica”, y en las que el desnudo experimenta la inclusión de fetiches contemporáneos como producto de consumismo y la nueva relación entre el orbe y sus objetos.

No obstante lo anterior, la serie trasciende la intención al cuestionar la sexualidad de los objetos, al transferir elementos asociados con el sexo opuesto (como lo son los “stilettos” o tacones altos) que desde el punto de vista conservador son exclusivos de la mujer, al uso masculino y pasar a constituir un nuevo elemento femenino masculinizado.

Es así que esta selección evidencia su condición postmoderna, ya que cada fotografía como práctica de representación ha sobrepasado los límites que la relegaban a una tipología de género (retrato, paisaje, documental, etc.), y con ello se ha creado una intertextualidad dentro de sus alcances estéticos, teóricos o de su condición de documento. En la obra se aprecian paradigmas que definen de algún modo a la sociedad contemporánea, y cuyas imágenes corresponden a trabajos que explicitan la estética o el concepto de lo “kitsch” dentro de la propuesta estilística, y en el emplea modelos o una producción a través de una estética de colores saturados y puestas en escena artificiales, centrados en el sarcasmo, la ironía y la crítica.

Rafael Alfonso Pérez y Pérez