POR EL TUNEL DEL TIEMPO

Estas obras son intervenciones digitales debidas a una especialista en la disciplina fotográfica. Su rango de conocimiento técnico acompaña su capacidad creativa. Son todas intervenciones que más que un tema, tienen un detonador: los zapatos, mismos que son parte de un proyecto que Lourdes Almeida trabaja a largo plazo. Plazo = Tiempo, otro de los vectores que habitan Laberinto de Quimeras.

Lourdes Almeida presenta en blanco y negro, enfoques sobre grabados antiguos, cuevas, moradas inalcanzables, secretas y laberínticas. Son situación definitivamente quiméricas como en Antes muerta. Antes muerta… que entregar mis zapatos, mis trofeos, mis identificaciones, la guía de los pasos de mi vida. Una de las llamadas armas de la mujer, escenifica La batalla…. Y El mensajero, une dos épocas con siglos
de distancia entre si; mientras que con ingenuidad e ironía se podría leer entre líneas ciertas relaciones entre la religión y la publicidad, entre la anunciación y lo material. En El nacimiento de venus, los zapatos son el pedestal de lo andrógino y de la moda, en síntesis, una porción de la actualidad está retratada en el afamado marco renacentista.

La fotografía Paseo dominical es una construcción desopilante. Se observan identificadores pos-Mickey, y la mujer lleva un calzado de fuerte significación –esas botitas son más animalistas que la escultura del perro -con sofisticados zapatitos- que acompaña a la modelo.

El paseo del personaje en “eros” con su “abanico de Venus” habita en un entorno perfecto de simetría, balance de cálidos y fríos, contrastes vida-muerte y con la declaratoria del tocado de plumas: orgullosa aceptación de la poderosa identidad cultural.

Paseo en un día de fiesta es un soberbio ‘acá del allá’. Nuevamente el tiempo se toma sus licencias en esta obra que rinde homenaje a Le Dejeneur sur l’herbe, evocando la quimera y el concepto de Eduard Manet. Si en esta composición, un zapato está puesto en la historia de la pintura européa y en dicho entorno, el otro está en México, dado que su título invoca a aquel de Diego, el de Un Domingo en la Alameda.

Frente a nosotros cohabitan romanticismo y atrevimiento, humor y sutileza. La artista tiene la capacidad de hacer al otro, a la par que reflejarse en ese otro. Noche y día conviven como dos momentos de la historia de la fotografía y del grabado. El segundo en blanco y negro, el primero, a pleno color. Mientras que en unas obras Lourdes Almeida nos interna en la oscuridad, en otras nos brinda el amanecer, acompañado de un cielo tormentoso, con visitas míticas y aportando la hilaridad de un folklore urbano propio e irrepetible.

Graciela Kartofel
México-Nueva York